No voy a procrastinar más.

Eso es. Y no se trata de un propósito de año nuevo (ya estamos a 11 de febrero) sino de una nueva filosofía de vida.

No voy a posponer mis decisiones.

No voy a retrasar esas actividades que me hacen sentirme viva ni a volver a lamentarme por lo que pude hacer ayer.

No voy a sabotear mi vida mal pensando que, procrastinando, mi vida es más sencilla.

No voy a dejar para mañana mi nueva entrada del blog (ese mañana que nunca llega).

Mañana pondré la foto.

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